jueves, 22 de marzo de 2012

I'm ready to grow young again

Hoy, en cuanto he tenido un momento he telefoneado al número que ayer me había hecho una llamada. Esperaba oír una voz sudamericana, de una telefonista de Vodafone o Movistar, pero en cambio, me contestó un asturiano. Alguien le había dado mi número. Me preguntó por una batería Rogers del año 70 ó 71. Él había sido batería profesional y esa había sido su batería. Ahora, con 62 años estaba montando un grupo con amigos para ensayar un poco los sábados por la mañana. Había dejado la batería en el año 81 porque estaba cansado de estar fuera de casa. Se hizo profesor de violonchelo y ahora dirige el Conservatorio de Luarca. Para él sería algo lógico acabar con la misma batería con la que empezó.
Nos pusimos a hablar de herrajes y soportes de baterías, de música y de músicos durante 20 minutos en los que me volví a sentir transportado a una época de mi vida más romántica. Un tiempo de órganos oscuros, amplis pesados, chaquetas de cuero, alfombras de pieles y baterías nacaradas. 
Dos personas de edades distintas hablando un mismo idioma. El mismo que podría hablar con un bajista holandés que me encontrase Estambul.
Al despedirse, sin saberlo, me dijo algo bellísimo. Me dijo que estaba muy contento de que su batería estuviese en buenas manos.
Y eso es lo que yo trataba que alguien me dijese alguna vez.

Exactamente eso.