lunes, 27 de marzo de 2006

Trío de ases

Sería maravilloso que la cantante del Sueño de Morfeo formase un trío de hecho con Fernando Alonso y con Melendi.

viernes, 24 de marzo de 2006

El gato de mi hermana es inmortal

No, no es que yo le desee la muerte a ese hijoputa.

Pero no se muere nunca.

Tengo dos teorías (y las dos ciertas al cien por cien) de por qué las tías meten animales en casa.
La primera es que lo hacen para aparentar feminidad delante de sus novios. (Mira qué cosa. ¿No es una monada?)
La segunda es que lo hacen como un sucedáneo a la falta de maternidad. (Biológicamente las mujeres ya están preparadas para parir a los 13 años, pero la vida moderna lo suelen retrasar una o dos décadas, con lo que ello conlleva de desazón tipo Me pasa algo pero ni yo misma lo sé. No es por ti, es por mí... y mierda de ese tipo).

Bueno, al caso.

Mi hermana fue un día a tomar el sol y volvió con el puto gato que además traía un regalo (vicio oculto que decimos los de leyes) que no era otro que la tiña (el gato, no mi hermana).

Mis padres son muy bondadosos y los acogieron a los tres, aunque sanaron al gato (lo de mi hermana no tiene cura).

El gato creció.

Para los que no lo sepan: a los gatos no se les saca a la calle a hacer sus cosas como a los perros. A los gatos se les compra una bandeja y se echa arena y mean y cagan en la bandeja.

Menos el puto gato de mi hermana.

El puto gato de mi hermana suele cagar en la bandeja y suele mearme los zapatos.

Vivir con un gato como el de mi hermana te obliga a tener la puerta de la habitación cerrada constantemente. Aunque la dejes 10 segundos abierta al puto gato le da tiempo a entrar, meterse en el empotrado y mearme los zapatos.

Mi hermana dice que es porque está en celo.

El puto gato de mi hermana tiene 12 años y lleva 11 años y medio en celo.

Yo llevo muchos más años en celo y no le meo los zapatos a los demás.

El puto gato de mi hermana con el tiempo se fue aficionando a mear en más sitios.
Si mi hermana entra en una habitación su puto gato la persigue.
A mi hermana no le gusta su gato -aunque lo disimule muy bien- y para no aguantarlo maullando en la puerta, se la abre. Es así como ese cerdo entra en el salón de casa y me mea todo lo que yo pueda tener por ahí.

Mi padre dice que mea si nota un olor raro. Que debe ser para hacerlo familiar.

Yo llevo toda la vida oliendo cosas raras y no me subo a ella y las meo.

Además, mi hermana contribuye a ello dejándolo encerrado habitualmente en las habitaciones.
Ese hijoputa sabe abrir las puertas de fuera a adentro pero al revés no puede. Es una cosa extrañísima.

El puto gato de mi hermana con el tiempo se fue perfeccionando.

Comenzó a cagar en la alfombrilla del baño que yo utilizo. No me preguntéis por qué.

Es una alfombrilla rosa como de pelo sintético que suele tener un morzonillo marrón en el centro.

La mierda de gato huele tan mal como el pis de gato.

La alfombrilla viajaba en dos sentidos: de la lavadora al suelo del baño y el segundo viaje del suelo del baño a la lavadora.
Hay que decir que el gato de mi hermana es el primer gato experto en logística, porque puedo asegurar que en el segundo viaje jamás se hizo un retorno en vacío.

Yo comencé a cerrar la puerta del baño. Lo cual supone un coñazo porque me paso la vida abriendo y cerrando puertas. Hasta que mi padre vio que la humedad estaba empezando a formar pequeñas manchas negras en las mamparas de la ducha.
Desde ese día prohibió que las puertas del baño estuviesen cerradas porque el baño no ventilaba.

Desde entonces, aparte de las puertas que se abren y se cierran, hay una alfombrilla que hay que andar subiendo y bajando.
Y que no se olvide, porque al más mínimo descuido tengo un regalito.

Pero el hijoputa del gato de mi hermana sigue con su mejora continua.

En mi habitación no puede entrar. En el salón tampoco. A la alfombrilla no llega.
¿Cómo me puede joder?

Pues ahora que la puerta del baño está abierta constantemente (aunque ya no hay alfombrilla en el suelo) el cerdo hijoputa utiliza el único orificio libre que le quedaba.

Todos los días, por la mañana, al entrar al baño, me encuentro un par de vomitadas amarillas llenas de pelos en el suelo del baño.

Ya sé que esto que os cuento es un coñazo, pero necesito desahogarme con alguien que me crea que el gato de mi hermana es inmortal.

sábado, 11 de marzo de 2006