miércoles, 5 de abril de 2006

Bocazas

No hay nadie en el mundo que tenga mi porcentaje de meteduras de pata por número de palabras pronunciadas.
A todos a los que -sin querer- alguna vez he ofendido, les vuelvo a pedir perdón.
A los que aún no he ofendido se lo pido por adelantado... creo que ya es tarde para cambiar. Aunque firmaría ahora mismo por ser como los demás.

lunes, 27 de marzo de 2006

Trío de ases

Sería maravilloso que la cantante del Sueño de Morfeo formase un trío de hecho con Fernando Alonso y con Melendi.

viernes, 24 de marzo de 2006

El gato de mi hermana es inmortal

No, no es que yo le desee la muerte a ese hijoputa.

Pero no se muere nunca.

Tengo dos teorías (y las dos ciertas al cien por cien) de por qué las tías meten animales en casa.
La primera es que lo hacen para aparentar feminidad delante de sus novios. (Mira qué cosa. ¿No es una monada?)
La segunda es que lo hacen como un sucedáneo a la falta de maternidad. (Biológicamente las mujeres ya están preparadas para parir a los 13 años, pero la vida moderna lo suelen retrasar una o dos décadas, con lo que ello conlleva de desazón tipo Me pasa algo pero ni yo misma lo sé. No es por ti, es por mí... y mierda de ese tipo).

Bueno, al caso.

Mi hermana fue un día a tomar el sol y volvió con el puto gato que además traía un regalo (vicio oculto que decimos los de leyes) que no era otro que la tiña (el gato, no mi hermana).

Mis padres son muy bondadosos y los acogieron a los tres, aunque sanaron al gato (lo de mi hermana no tiene cura).

El gato creció.

Para los que no lo sepan: a los gatos no se les saca a la calle a hacer sus cosas como a los perros. A los gatos se les compra una bandeja y se echa arena y mean y cagan en la bandeja.

Menos el puto gato de mi hermana.

El puto gato de mi hermana suele cagar en la bandeja y suele mearme los zapatos.

Vivir con un gato como el de mi hermana te obliga a tener la puerta de la habitación cerrada constantemente. Aunque la dejes 10 segundos abierta al puto gato le da tiempo a entrar, meterse en el empotrado y mearme los zapatos.

Mi hermana dice que es porque está en celo.

El puto gato de mi hermana tiene 12 años y lleva 11 años y medio en celo.

Yo llevo muchos más años en celo y no le meo los zapatos a los demás.

El puto gato de mi hermana con el tiempo se fue aficionando a mear en más sitios.
Si mi hermana entra en una habitación su puto gato la persigue.
A mi hermana no le gusta su gato -aunque lo disimule muy bien- y para no aguantarlo maullando en la puerta, se la abre. Es así como ese cerdo entra en el salón de casa y me mea todo lo que yo pueda tener por ahí.

Mi padre dice que mea si nota un olor raro. Que debe ser para hacerlo familiar.

Yo llevo toda la vida oliendo cosas raras y no me subo a ella y las meo.

Además, mi hermana contribuye a ello dejándolo encerrado habitualmente en las habitaciones.
Ese hijoputa sabe abrir las puertas de fuera a adentro pero al revés no puede. Es una cosa extrañísima.

El puto gato de mi hermana con el tiempo se fue perfeccionando.

Comenzó a cagar en la alfombrilla del baño que yo utilizo. No me preguntéis por qué.

Es una alfombrilla rosa como de pelo sintético que suele tener un morzonillo marrón en el centro.

La mierda de gato huele tan mal como el pis de gato.

La alfombrilla viajaba en dos sentidos: de la lavadora al suelo del baño y el segundo viaje del suelo del baño a la lavadora.
Hay que decir que el gato de mi hermana es el primer gato experto en logística, porque puedo asegurar que en el segundo viaje jamás se hizo un retorno en vacío.

Yo comencé a cerrar la puerta del baño. Lo cual supone un coñazo porque me paso la vida abriendo y cerrando puertas. Hasta que mi padre vio que la humedad estaba empezando a formar pequeñas manchas negras en las mamparas de la ducha.
Desde ese día prohibió que las puertas del baño estuviesen cerradas porque el baño no ventilaba.

Desde entonces, aparte de las puertas que se abren y se cierran, hay una alfombrilla que hay que andar subiendo y bajando.
Y que no se olvide, porque al más mínimo descuido tengo un regalito.

Pero el hijoputa del gato de mi hermana sigue con su mejora continua.

En mi habitación no puede entrar. En el salón tampoco. A la alfombrilla no llega.
¿Cómo me puede joder?

Pues ahora que la puerta del baño está abierta constantemente (aunque ya no hay alfombrilla en el suelo) el cerdo hijoputa utiliza el único orificio libre que le quedaba.

Todos los días, por la mañana, al entrar al baño, me encuentro un par de vomitadas amarillas llenas de pelos en el suelo del baño.

Ya sé que esto que os cuento es un coñazo, pero necesito desahogarme con alguien que me crea que el gato de mi hermana es inmortal.

lunes, 27 de febrero de 2006

El niño del video de Unreal

¿Qué será de este niño dentro de unos años?

El video


* Espero que se trate de un fake, porque si no es así, estamos ante el mayor psicópata desde Chimo Bayo.

(Veo que el vídeo ha sido suprimido -me alegro-. Ojalá le hayan encontrado un buen psicólogo)


jueves, 23 de febrero de 2006

La culpa es de Torrebruno

Una cosa que siempre me ha costado comprender es lo de la bipolarización. Vamos, lo de blanco o negro, ying o yang.

Las personas son de izquierdas o derechas. Del PP o del PSOE. Sin importarles lo que digan el PP o el PSOE. Si su partido político está a favor de una OPA, ellos también, pero si estuviese en contra ellos también. Si están en contra de una negociación ellos también. Pero si estuviesen a favor... ellos también.

Se es de Barcelona o del Madrid, sin ningún tipo de razón. Aunque vivas en Palencia. Si el Madrid ficha a Zidane, los del Barça dicen que está viejo y los del Madrí, que es un genio. Si el Barça tiene a Figo, que es el más grande. Pero si lo ficha el Madrid, es una mierda y viceversa.

Lo mismo pasa con la Pepsi o la Coca-Cola, la PlayStation y la Xbox, Winston o Marlboro, Intel o AMD, Beatles o Stones...

¿De dónde surge esto?
Evidentemente de donde todo nace: de nuestra infancia.

Todo comenzó en un programa, de esos que ponían cuando llegabas de clase. A la hora de la merienda, Verónica Mengod presentaba El Kiosko.

Dentro del programa se encontraba la píldora envenenada.

Torrebruno enfrentaba a dos grupos de niños. Unos fans declarados de Los Tigres. Y otros acérrimos seguidores de Los Leones.

Torrebruno nos enseñó a dividirno y a enfrentarnos entre nosotros mientras, inocentes, nos comíamos un bocadillo de Nocilla.

Sí, yo era de Los Tigres.

Aún hoy en las dinámicas de grupo, selecciones de personal, entrevistas de trabajo... en las cabezas de los presentes comienza a sonar un estribillo:

Tigres, tigres. Leones, Leones
Todos quieren ser los campeones

Tigres, tigres.
Leones, Leones.

Tigres.... Leones.... Tigres... Leones


martes, 21 de febrero de 2006

Ha muerto Deborah Melero

El pasado Jueves, día 23 de Febrero, nos sorprendía la terrible noticia del fallecimiento de Deborah Melero, hermana de Luis.

A Deborah la conocí, como tantos otros, en la noche ovetense. Desde aquel día mantuvimos unas relaciones, al principio frecuentes, más tarde esporádicas, pero siempre igual de estrechas e intensas.

De Deborah podría estar hablando semanas. Puedo decir que era la persona con más experiencias que yo haya conocido y que jamás conoceré. Su hambre y su sed por descubrir nuevas sensaciones eran incomparables y de ello dan fe los mil y un relatos que de ella circulan por Oviedo. Todos ellos verídicos.

Siempre consideré a Deborah como el verdadero punto de unión de todo lo que podríamos llamar la generación musical de los últimos noventa de Oviedo. (Aunque ella fue mucho, muchísmo más allá de los noventa).

Ningún músico, amante, de la música, seguidor de la escena o gente que simplemente pasaba por allí, dejó de conocerla.

Puedo recordar cómo compartíamos su cariño dos, y hasta tres débiles, en el tiempo y en el espacio.

Por eso en su sepelio, estaban (estábamos) todos los que la amamos.
Los ramos de flores eran incontables, las coronas enormes -casi todas ellas de amigos anónimos-.

También estaban sus padres, Carmen y Rodrigo Melero, rotos por el dolor y su hermano Luis –a Gonzalo le fue imposible acudir-.

Puedo decir sin miedo a equivocarme lo más mínimo que su desconsuelo se puede hacer extensible a todos nosotros.

Deborah, aunque ya no estés, nunca te olvidaremos. Hasta siempre.