miércoles, 30 de marzo de 2005

Rosalita, sal esta noche

Dentro de la carpeta de mi ordenador donde guardo algunos de los archivos que subo al blog me he encontrado un documento de texto con este título "Rosalita, sal esta noche".

Lo he abierto y dentro no había nada. Estaba en blanco.

Así que he intentado recordar qué idea se me había ocurrido la cual, supuse que recordaría simplemente leyendo el título.

Pero mi mala memoria olvidó mi mala memoria.

Rosalita, sal esta noche.

Quizás cuando le puse nombre a este icono lo hice pensando en una historia que transcurriría en Nueva York en los setenta. Un mozo de garage, al anochecer, se enfundaría una chupa de cuero ajustada, de color marrón, sobre su camiseta blanca o tal vez sobre su camisa de cuellos puntiagudos con chorreras. Compararía un pequeño ramo de rosas rojas y se iría andando alegre a través de calles con nombre de números en busca de una preciosa chica hispana, morena, menuda y virginal.

Rosalita, sal esta noche.

Quizás un chico enamorado de una antigua batería Ludwig color champagne, le sacaría brillo una a una a las pequeñas chapitas doradas de cada tambor antes de meterla en sus fundas. La subiría a una furgoneta y se la llevaría a algún pequeño local donde tocaría con su grupo.

Rosalita, sal esta noche.

Quizás hablase de una chica de pelo rojizo y carita pálida encerrada en su casa. Triste y asfixiada dentro de un mundo de gigantes camuflados de molinos.

Rosalita, sal esta noche.

Quizás fuese una artimaña, un simple truco para, conociendo mi mala memoria, obligarme a hacer un esfuerzo para inventar unas frases que pueda subir al blog esta noche.

Rosalita, sal esta noche.

Rosalita, sal esta noche.

lunes, 28 de marzo de 2005

El niño cabra enamorado

Mateo Ruiz, el niño cabra, está enamorado.
Hacía ya unas semanas que se rumoreaba sobre la posible relación que podría estar manteniendo con Lucía Henares, una compañera de su instituto con la que se le ha visto muy a menudo últimamente.
Según sus compañeros de clase el niño cabra es feliz.


sábado, 19 de marzo de 2005

ensayos, conciertos, internet, periódicos y tv

Hay cosas que me sorprenden mucho. Yo suponía que este "Rincón de LaGrand" solamente lo leía Toli de vez en cuando, -de ahí que sea el prota de la mitad de las "historietas"-.
Pero en medio de alguna conversación con amigos y conocidos me hacen coñas con los hombres huevo, que si el aparcamiento o el subwoofer de Toli... Generalmente tienen más éxito las tonterías mentales autoparódicas que cuando me pongo un poco más "serio" -que creo que nadie lo lee-.
Incluso veo que comienza a haber algún comentario a las chorradas que escribo, y la verdad es que es muy agradable... hasta preferiría que escribiesen los demás en vez de yo. Seguro que haría más inteligente al rinconcillo.

Pero como no quiero que este "post" se limite sólo a esto haré mi reflexión de turno, esta vez en forma de consejo a los grupos que empiezan o de recordatorio para el mío.

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Después de varios años en esto de la música he llegado a la conclusión de que, cara al público las distintas actividades del grupo tienen diferentes trascendencias que nada tienen que ver con el esfuerzo que uno le dedique a cada una. Voy a hacer una somera lista:

- Ensayos: trascendencia cero. Nula. Nada. De hecho un grupo podría pasarse dos años ensayando los mejores temas de la galaxia, mejorando instrumentalmente, personalmente, haciendo canciones que dejen a Lennon a la altura del betún y cuando salga del local tras 24 meses de creación sin par, el primer colega que se encuentren les preguntará "¿Todavía seguís con eso del grupo?". (Prometo un próximo post sobre "el colega").

- Conciertos: la gente dice que si el grupo se mueve y da conciertos la gente tarde o temprano te acabará conociendo. Mentira. Pongo el ejemplo de un grupo asturiano que se llamaba La Destilería. Daban del orden de 200 conciertos al año. Pregúntale a alguien que no esté al tanto de la escena de grupos de rock si le suena. Luego pregúntale si le suenan Andy y Lucas.

- Internet: pues era lo que comentaba...parece que no, pero bueno, que si emule, que si la web, que si un enlace... no es la repanocha pero un poco sí que ayuda.

- Periódicos: eso ya es otra cosa. Vale más una reseña en un periódico de tirada media que 100 conciertos en los mejores antros de España. El colega: "Te vi el otro día en el periódico".

- TV: ¡Oh! Palabras mayores. Tíos, primos, ese chico extraño que se sienta detrás en la clase de seguridad e higiene, la tendera, la amiga de tu madre, los colegas, ex-compañeros del cole, vecinos... todo el mundo ve las televisiones locales.
Si lo llego a saber me hubiese puesto guapo... Si lo llego a saber me hubiese puesto nervioso...
Nadie escucha más de 20 segundos una canción de tu grupo pero se tragan una entrevista imbécil de 20 minutos en la que no has hecho otra cosa que tartamudear, divagar, decir "conserjería" en vez de "consejería" y contestar lo contrario de lo que realmente piensas.

No me quiero ni imaginar lo que sentirá Bisbal que incluso era anunciado todos los días en el telediario. Y eso sí que lo ve gente. (Este es el típico comentario-crítica con el que suelo acabar los post).

martes, 8 de marzo de 2005

El niño cabra atacado por cazadores furtivos

Ayer día 28 a las 11:30 am, mientras el niño cabra y sus compañeros de clase se encontraban en el patio de la escuela disfrutando del recreo, unos disparos que provenían de un monte cercano provocaron momento de gran tensión entre los profesores y alumnos del Colegio Público Galileo Galilei.
Afortunadamente la rápida actuación de su tutora, la señorita Margarita evitó que el niño cabra o alguno de sus compañeros resultasen heridos.
Inexplicablemente la Guardia Civil, que se personó en el Colegio evitó hacer una investigación más profunda de la agresión.
Según los agentes, probablemente se tratase de algún cazador que confundió al niño cabra con una pieza escapada del monte.


lunes, 28 de febrero de 2005

El regalo

Como muestra de su amor, el emperador le regaló a su esposa el más maravilloso palacio del mundo.
Construyó con marmol sus paredes y recubrió con pan de oro sus enormes cúpulas.
La obra duró 25 años y cuando concluyó, se celebró durante 60 días y 60 noches.

La emperatriz lo único que quería eran unas sandalias con borlas que había visto en un mercadillo de Nueva Delhi.

domingo, 30 de enero de 2005

Nace un niño cabra

Ayer, Martes 3 de Junio, Alejandra López Núñez ha dado a luz en el hospital de Valle Robledo (Palencia) el primer niño cabra.
Este hecho insólito ha sido seguido por un gran número de familiares, periodistas y personal sanitario.
Su padre Luis Ruiz ha acogido la noticia con mucha tranquilidad después de la normal preocupación por el parto.
"Lo importante es que tanto la madre como el hijo se encuentren bien. Ahora lo que necesitan es descansar".
El niño que se llamará Mateo Ruiz pesó al nacer 3,700 kgs. y tanto él como la madre podrán ser dados de alta entre mañana y pasado, según nos ha informado el servicio de maternidad del hospital.

Bart Simpson

"NO INFLAMABLE" no es un desafío
"NO INFLAMABLE" no es un desafío
"NO INFLAMABLE" no es un desafío
"NO INFLAMABLE" no es un desafío
"NO INFLAMABLE" no es un desafío
"NO INFLAMABLE" no es un desafío
"NO INFLAMABLE" no es un desafío
"NO INFLAMABLE" no es un desafío
"NO INFLAMABLE" no es un desafío
"NO INFLAMABLE" no es un desafío

viernes, 28 de enero de 2005

El niño cabra cumple seis años

Aunque los médicos predijeron que moriría antes de llegar a los dos años, el niño cabra ha cumplido los seis años.

Sus padres lo han celebrado con una gran tarta que el niño cabra ha embestido con todas sus fuerzas seis veces.

Los periodistas allí reunidos han mostrado su desagrado al ser salpicados con los trozos que han salido volando.

La madre del niño cabra se ha ofrecido a lavar las prendas afectadas pero los los chicos de la prensa han rehusado amablemente.

El niño cabra después de disfrutar de unos momentos en compañía de sus amigos y familiares se ha retirado ya que se encontraba un poco cansado después de tanto ajetreo.

Antes de despedirnos, los padres del niño cabra han invitado a la prensa al séptimo cumpleaños de su hijo el año que viene.

miércoles, 26 de enero de 2005

Luis y las cervecitas

Siempre me extrañó lo difícil que resultaba localizar a Luis durante las dos horas siguientes a la salida de su trabajo. Su móvil o estaba apagado o no te contestaba a la llamada.

Luis siempre decía que se había ido a tomar unas "cervecitas".
Yo nunca le di demasiada importancia, porque obviamente no la tenía.

Pero esta tarde por una casualidad, me encontraba cerca de donde trabaja justo a la hora en la que echa el cierre. Así que decidí acercarme y de paso comentar algunos asuntillos que teníamos pendientes.

De lejos lo vi bajando la persiana metálica y cerrando con llave la puerta de la tienda. Pensé que vendría hacia donde yo estaba porque es en esa dirección donde suele aparcar el coche. Pero le vi coger una carpeta que tenía apoyada junto a la puerta, se la puso debajo del brazo y se fue justo en el sentido contrario.

Supuse que tendría que hacer algo o que habría quedado con alguien así que aceleré el paso para alcanzarle.

Pero el iba más deprisa de lo que yo esperaba y cuando doblé una esquina él estaba bastante lejos, se miraba el reloj de la muñeca y daba muestras de que llegaba tarde.

A pesar de que aumenté bastante el paso no conseguí tenerlo cerca justo hasta un par de calles después.

Ya lo tenía a pocos metros así que en vez de darle una voz opté por pegarle un golpecito en la espalda. Pero cuando ya estaba yo levantando el brazo él hizo un giro brusco a la izquieda y después de subir unos escalones entró por la puerta de un edificio.

Yo me quedé un poco fuera de sitio y ni siquiera me dio tiempo a llamarle antes de que entrase.
Pensé en ir tras él pero por prudencia antes miré qué podía ser aquel portal.

Me quedé extrañado cuando leí: CENTRO PARROQUIAL DE PUMARÍN.

No supe qué pensar.

Decidí esperarlo fuera pensando que quizás hubiese tenido que ir allí por algún motivo laboral, que alguien que estuviese allí o la propia parroquia fuesen clientes suyos.

Cuando ya llevaba unos minutos esperando comencé a escuchar un murmullo de niños hablando que parecía que provenía del interior del Centro. Vi que una pequeña ventana de las que daban a la calle estaba entreabierta a modo de respiradero. Me acerqué hasta allí y quise asomarme pero aún poniéndome de puntillas me quedaba un poco alta y no podía ver más que el techo de lo que parecía ser un aula.

Justo a unos pocos metros había unos cubos de basura y a su lado la caja vacía de una impresora. Me acerqué y pude comprobar que si me subía a ella por los bordes podría aguantar mi peso.

Con el pie la llevé por el suelo hasta debajo del ventanuco y me subí sobre ella.

Lo primero que pude ver fue a un grupo de unos diez niños y niñas de entre seis a ocho años (nunca he sabido calcular edades y menos las de los niños). Todos estaban muy callados y miraban a alguien que parecía ser su profesor.

Tras asegurarme que la caja resistía mi peso y comprobar que Luis no había salido mientras yo montaba el tinglado, volví a mirar dentro. Me fijé en el profesor y me pareció un poco extraño a primera vista, pero cuando centré más la mirada no podía creerme lo que mis ojos estaban viendo.

Luis era el profesor.

No podía salir de mi asombro.

Tras unos momentos de desconcierto comencé a esforzarme por oir lo que les estaba diciendo a los niños. "Debeis tratar bien a vuestros padres porque ellos son los que os han dado la vida y gracias a ellos estais aquí".

¿QUÉ?

¿Luis pidiendo respeto para los padres?

¿El mismo Luis que había tirado por la ventana el belén y colgado a San José de la lámpara porque discrepaba de la existencia de bueyes en el Oriente Próximo de hace dos mil años?

¿El que les había dicho a sus padres que en la próxima luna llena debería sacrificar a uno de ellos y que lo fuesen echando a suertes?

¿el que dejaba el gas abierto todas las noches despúes de encender incieso en la habitación de sus progenitores?

No me lo podía creer.

Pero en el momento en el que sacó una guitarra de un armario y se puso a cantar salmos fue cuando algo en mí se hundió a la vez que la caja de cartón, que no pudo soportar más mis temblores.

No recuerdo el camino que seguí hasta llegar a mi casa porque mi mente estaba nublada y sólo repetía: "Luis es catequista, ¡Luis es catequista!"

A las dos horas recibí un correo electrónico de Luis que decía: "Vengo de tomarme unas cervecitas. Estoy muy cansado. La web la actualizo mañana. Tagüevo".


Me recorrió un sudor frío cuando en ese momento supe que Luis estaría arrodillado a los pies de su cama pidiendo perdón por no haber dado más amor hoy.

Los Hombres Huevo


Si fuesemos huevos cocidos todo serían ventajas.


Los desplazamientos.

No serían necesarios los vehículos. Bastaría un buen impulso para llegar a cualquier sitio. Las carreteras, por supuesto, no tendrían piso antideslizante. Habría un menor gasto en combustible y por tanto menos contaminación.
No niego que esto conllevaría más riesgo de accidentes, pero de todos modos, el choque de un huevo cocido nunca sería letal. Lo peor que podría sucedernos es la rotura parcial de la clara cocida con pérdida de la masa yemal. Eso sería fácil de sanar aplicando una cáscara artificial durante un tiempo.
Otro posible accidente podría producirse al haber algún elemento punzante sobre el firme. Esto nos podría ocasionar a los huevos humanos, una incisión que podría ser considerada como un simple piercing accidental. ¿No molaría llevar una tuerca clavada en la frente?


Las muchedumbres y aglomeraciones.

Serían maravillosas. El deslizante contacto de los cuerpos de los huevos cocidos entre nosotros resultaría agradable y muy divertido. A la más mínima presión los hombres huevo saldríamos disparados por los aires. A esa expresión corporal se la conocería como puenting inverso.


La ropa.

El gasto del hombre huevo se reduciría enormemente. ¿Qué ropa puede llevar un huevo? Si nos ponemos unos pántalones ¿cómo nos los sujetaríamos? -O nos quedarían bajos y se nos caerían o se nos deslizarían hacia arriba y no veríamos por dónde caminamos-. ¡Ropa fuera!
Además si llevásemos ropa perderíamos nuestra capacidad deslizante, lo que equivaldría a que seríamos minusválidos.
Y ¿para qué querría abrigarse un huevo cocido?


El sexo.

Los hombres huevo no tendríamos sexo. Y aunque lo tuviésemos, como no puede haber diferencias entre huevos y huevas, nunca podríamos relacionarnos. Esto evitaría muchas frustraciones (seríamos más felices). Además nos libraríamos de pérdidas de tiempo y dinero: no gastaríamos en colonias, ni en coches deportivos, ni en clases de golf.
Además, al no existir las huevas, no serían necesarias todas esas tonterías femeninas para llamar la atención del otro sexo, como gastarse una pasta en peluquerías o comprarse modelitos para las bodas.
Así que los hombres huevo tendríamos un gran poder adquisitivo y una mayor esperanza de vida que los seres humanos. Seríamos ricos y además durante mucho tiempo. Esto conllevaría un enorme impulso tecnológico.


El trabajo.

No llegaríamos tarde al trabajo. Al no viajar en vehículos no provocaríamos atascos y si hubiese uno, nos los pasaríamos fabulosamente empujándonos unos contra otros hasta que uno a uno saliésemos disparados en dirección a un puesto de trabajo en el que, aunque no sea el nuestro, no tendrían ningún problema en desempeñar.


La sociedad.

No existirían tensiones en una sociedad tan equitativa. Todos seríamos iguales.


- Con su logística, su capacidad para el ocio, su falta de frustraciones, su economía, tecnología, capacidad laboral, etc, la sociedad de los hombres huevo sería imparable. El sueño de cualquier ministro de economía o medio ambiente.

Sólo existiría un problema: la lacra del canibalismo.